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27 de Noviembre de 2020
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Crítica de Bad Boys for Life
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23 de Enero de 2020

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Mike y Marcus cabalgan juntos de nuevo... Crítica de Bad Boys for Life, la tercera entrega de la saga de acción, dirigida por Adil El Arbi y Bilall Fallah y protagonizada por Will Smih y Martin Lawrence. En cines a partir del 17 de enero de 2020.

¡Ha llovido mucho desde que se estrenara en 2003 Bad Boys II (Dos policías rebeldes 2)! Diecisiete años han hecho falta para reunir a Will Smith y a Martin Lawrence de nuevo en sus roles de Mike y Marcus y la película no podría ser más víctima de su tiempo: con toda la influencia de los ritmos latinos en su banda sonora, escapadas a México y mucho gringo haciendo gala de su precario español, tenemos un guión digno de culebrón con revelaciones asombrosas y un final tan megalómano como era de esperar.

Todo arranca con una fuga de una cárcel de máxima seguridad y con un sicario asesinando de forma cruel a todos aquellos que acabaron con los cabecillas de un cártel mexicano: una familia de armas tomar. En la diana, Mike y buena parte de sus colaboradores, desde fiscales hasta jueces. A pesar de que Marcus está a punto de tirar la toalla, los acontecimientos precipitarán que ambos vuelvan a las andadas, incluso aliándose con una nueva generación de agentes cuyos métodos distan mucho de los suyos.

Ojo, que Bad Boys for Life, a pesar de ser una secuela muy tardía, no huele a despedida sino que arrastra cierto tufillo a reboot con ínfulas de venir seguida de una secuela con la incorporación de un equipo alrededor de la pareja de polis entre quienes destaca Paola Núñez, a quien hemos visto recientemente en la segunda entrega de la serie La purga y quien ya compartió rodaje con la polémica Kate del Castillo en La reina del sur, que aquí ejerce de villana máxima con toque sobrenatural y hasta tiene línea directa con "la Santa Muerte" como buena "bruha". Permitidnos un poco de cachondeo, porque la película tiene momentos que rozan la comedia involuntaria...

Otros funcionan per se: y es que, al menos, tiene momentos de humor autoconsciente. Los jinetes Mike y Marcus que acuñaron aquello de "cabalgamos juntos, morimos juntos", están ya en una edad en la que necesitan gafas, tinte y piensan en retirarse y pasar algún que otro finde relajándose en un spa.

Como buddy movie, Bad Boys for Life funciona bien: sigue habiendo química entre los dos intérpretes principales y Will Smith sigue en forma para estar al mando de las secuencias de acción cuerpo a cuerpo, cuidadosamente coreografiadas. El contraste sigue siendo su seña de identidad: Mike quiere seguir en la brecha y tiene poderosos motivos personales para no pensar en la jubilación mientras que de Marcus tiran otros intereses ligados a la tranquilidad de disfrutar de su familia y asumir su momento vital. El primero se mueve como un potro desbocado que necesita que le recuerden que no es bueno ser espoleado por la ira sin una finalidad clara y el segundo ya piensa en que ha vivido más de lo que le queda por vivir y que ha tenido suficiente violencia.

El cambio de paradigma es algo que recorre de forma transversal el guión que, si bien es muy irregular, sabe hilvanar algunos mensajes interesantes como el relevo generacional dentro de los propios cuerpos de seguridad del Estado. Así lo atestigua la creación de la división AMMO liderada por el capi Howard compuesta por Rita (la ya anunciada Paola Núñez), Rafe (Charles Melton), Kelly (Vanessa Hudgens) y Dorn (¿será casualidad que el nombre de Alexander Ludwig rime con su Björn de Vikingos?). Su cometido: utilizar las nuevas tecnologías para reemplazar la vieja escuela y minimizar bajas. Así, se encargan de volar drones, usar cámaras ocultas y pelotas de goma en lugar de entrar directamente como un elefante en una cacharrería.

La realización es uno de los puntos más débiles de Bad Boys for Life: en manos de Michael Bay otro gallo cantaría, pero Adil El Arbi y Bilall Fallah, responsables de las películas Gangsta (2018) y Black (2015), no terminan de conseguir lo que pretenden al emular su estilo y garra para rodar acción. Donde resulta más notorio es en las persecuciones de coches, en las que la fotografía y el raccord son un absoluto desastre. A día de hoy, con la cantidad de grandes películas que trazan planes de rodaje milimétricos, resulta bastante pobre ver este resultado... en el que se echa en falta algo más de personalidad.

En suma, es una película que se deja ver siempre y cuando se vaya con unas expectativas moderadas. Queda sembrada la semilla de una cuarta entrega que solo fructificará si el resultado en taquilla hace que merezca la pena embarcarse en otra nueva aventura... Veremos... Puede que la transfusión de sangre nueva consiga revivir la franquicia, pero para eso deberíamos ver un relevo más convincente.

Fuente: Cine  
  

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